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Canal de Corinto

 

Cuando amarras por esos puertos de Dios no siempre lo haces en marinas deportivas, sobre todo cuando no conoces la zona y las guías náuticas del lugar no te dicen muy bien lo que te vas a encontrar. Para cruzar del Jónico al Egeo tienes que adentrarte por el Golfo de Patras hasta llegar a la embocadura del Canal de Korinto. Una vez allá tienes que esperar a que te den paso. Lo puedes hacer fondeado o en alguna marina cerca. Solo abren paso (ahora está cerrado) durante el día y nosotros elegimos un puerto que hay en Corinto ciudad, al sur de la embocadura del canal. Al norte hay una marina deportiva, pero nosotros elegimos el otro pensando que habrían más servicios. Malamente. Cuando llegamos al puerto nos dejaron abarloar a un muelle cochambroso cerca de los pescadores. Primero apareció la policía (militar) a pedirnos que pasàramos por la oficina a pagar unas tasas. Nos acercamos hasta allá y la sensación fue que nos habíamos metido en la habitación en la que interrogaban al protagonista de “cowboy de medianoche”. Una sala cuadrada con un solo ventanuco, con una bombilla colgando en el medio, las paredes grises, un cuadro de algún militar colgado en la pared detrás de una mesa metálica, también gris, y un señor de uniforme y sudando dando gritos desde ella a todos los personajes que entraban y salían. Nos grita. No se bien porqué, pero nos grita. José Luis le dice que no, que no le paga. Más gritos. Sigue sudando el militar. Vuelve a gritar. La cosa está yendo a mayores, decidimos pagarle. Nos pide 2 euros. Volvemos al barco, nos abrimos unas cervezas en la bañera, hace muchísimo calor, y el muelle es un continuo ir y venir de gente hasta donde estamos y largarse. Todos con un aspecto zarrapastroso total. De los seis que vamos en el barco el único que lleva un reloj de 30 euros soy yo. Los otros 5 llevan en sus muñecas un “cartier”. Cosas del dinero. Se los hago quitar y guardar a buen recaudo. No dejaremos el barco solo en ningún momento. Por la mañana, a primerísima hora, nos repostan el barco con un minitank , soltamos amarras y nos vamos para el canal. Hay un montón de barcos esperando y te van dando turno por radio. Un poco más de tres millas de largo por veinticinco metros de ancho. Ya Nerón decidió abrir esta vía, pero se construyó a finales del siglo XIX bajo un proyecto de Fernando de Lesseps dirigido por un ingeniero turco llamado Turr. Primero pasan los barcos desde el “este” al “oeste”, después, cuando es tu turno, te llaman por radio y te avisan de mantener distancia, sobre todo si lo que llevas delante es un carguero. Los remolinos que provocan te pueden mandar contra la pared. Paredes de 90 metros de altas. Arriba cruzan varios puentes. El tren, una autopista... Nos dan paso. Vamos despacito. El cielo completamente azul. ¿Está lloviendo? Raro. En uno de esos puentes hay bastante gente mirando. La lluvia proviene de ahí. Varios de los tipos mirones han decidido aliviar vejigas. No sé si es preferible no saberlo. Cuando sales del canal tienes el Egeo delante, pero tienes que parar en un muelle a estribor para pagar el peaje. Mientras hacemos el trámite aparece el señor que nos ha servido el combustible y nos regala un montón de sandías, uva y diversas frutas. ¡Bien! A Mikonos. Primero dejaremos atrás la isla que fue de Onassis, Atenas a babor y el Cabo Sunion, pero esa es otra historia.

 

 

 

Para los que quieran ir a las islas del Egeo, una recomendación. El canal lleva cerrado bastante tiempo por desprendimientos de piedras. Hasta ahora lo cerraban todos los martes del año para dragar el fondo. Hablaban de reabrirlo este año 2022, pero con la crisis económica que sufrió Grecia y con la pandemia, probablemente, seguirá cerrado. Toca dar la vuelta al Peloponeso si la idea es ir a las Cícladas.

 

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